TANGER
MELODIA DE AROMAS
Partimos en ferry desde Tarifa y en poco más de 45 minutos, Tánger se muestra ante nuestros ojos: bulliciosa, azul e inequívocamente marroquí.
Cuando llegas al puerto, uno de los de mayor tráfico del país, asalta a la vista la cantidad de colores, el ajetreo cosmopolita y un matiz Mediterráneo y Atlántico absolutamente original. Estamos a poco más de 12 kilómetros de la Península Ibérica y “cruzar el charco” merece la pena desde el momento en que pones un pie en tierra firme.
TÁNGER, Melodia de Aromas
La extraordinaria tradición islámica, la división social de clases –muy marcada-, el exotismo del entorno y la presencia de viajeros constante hacen de Tánger obligada visita para quien guste de aventura, turismo cultural o escaparse y cambiar de aires.
Nada más salir del puerto nos aguarda una de las más curiosas vistas. Decenas de Bares, Pubs, Restaurantes… bañistas, paseantes, turistas despistados y Camellos; es la playa que –en verano- no se detiene día y noche.
A partir de ese punto, hemos optado por subir a la Medina en un petit taxi (sólo tres pasajeros) negociando previamente el precio del trayecto. La antigua ciudad es propicia para dedicarle todo el tiempo que podamos, además es muy entretenido hacer el descenso por los Zocos, a pie. En la Medina se puede comprar casi todo lo que se nos ocurra: dátiles, plata, frutos secos, libros, perfumes…
En la parte más alta está la Kasbah: lugar que ofrece una de las más impresionantes vistas de la ciudad, con la Gran Mezquita o la catedral española. A lo largo del primer tramo de nuestro recorrido nos han abordado multitud de “dudosos guías” y algunos “pícaros” de los que esta zona se encuentra bien nutrida.
El marroquí es muy hospitalario, pero hay que hacer distinción entre los primeros y éstos. No obstante –y si tenemos algún problema- la presencia de agentes del orden nos ayudará si lo necesitamos. Suelen estar, visibles, en plazas y centros de aglomeración de personas.
Encantadores de Serpientes, Magos, Oradores… la Medina es como un sueño real, en días claros puede divisarse la costa española y es en ese momento cuando uno se detiene a pensar en que <parece estar tan cerca que da la sensación de poder llegar a nado> aunque la travesía en ferry ha sido muy ventosa y de grandes corrientes.
El Mercado de Fondouk en El Houria (o Rue de la Liberté) es el reino de la fruta y la verdura. Su suelo negro alberga multitud de puestos y entre ellos resaltan las cestas de Menta fresca; la verdad es que en todo Tánger reina esta imagen. El Fondouk es una perdición para l@s amantes de Alfombras, Chilabas y/o Artesania Tradicional. Hemos hecho un alto en el camino para comer en el Hotel El Minzah. Tras un cóctel en su barra, nos ha convencido el aroma del Cous-Cous.
El café lo tomamos en la terraza del Café Hafa, con unas preciosas vistas y la placidez de estar en la absoluta gloria, incluso llegamos a”oir” la llamada a la Oración.
También es obligado el paso a los zocos: Zoco grande y Zoco chico en el que encontramos tiendas de todo tipo y necesario “regateo” sea cual sea nuestra intención de compra. El marroquí posee el “arte del regateo” y no entrar en el “juego” es no compartir uno de los momentos más genuinos del Reino de Marruecos.